Domingo 22 de marzo. Tocaba, según el plan  creado por el señor Valero para la Maratón de Edimburgo, hacer 20 kilómetros.
Yo tenía en el calendario del Circuito la Media Maratón de Bolaños de Cva. Así que a modo de “entrenamiento de calidad” para preparar #emf2015 y como test importante, primera media maratón del año. Una vez descartado el asalto a bajar a 1:30 h en los 21,097 km y con la mente puesta en Edimburgo no era el día para hacer barbaridades, si no contamos como temeridad correr una media maratón estando renqueante, cargado, con problemas físicos.

Bolaños amanecía mojado. Ambiente húmedo fresco, pero con temperatura ideal para correr. Yo desconfiado tras una semana con dudas en las que he estado más pendiente de los dolores que de la carrera. Con pocos kilómetros. Pero me probé el sábado y parece que no iba del todo mal. El domingo calenté y estiré, no demasiado. No iba a hacer falta. Normalmente en las medias maratones no caliento mucho. Hay kilómetros para entrar en faena. No noté nada raro a priori. Así que me coloqué en la línea de salida con un objetivo claro: probarme y ver si podía acabar la carrera. A los primeros síntomas de dolor, retirarme. Correr sin prisas, pero tampoco de paseo, abandonando el objetivo original previo a la lesión de hacer menos de 1:30 h o rondarlo. Vamos no pasar de 1:31:00 del año pasado. Pero no se dieron las circunstancias para ello. Así que ese objetivo queda para otra carrera.

Así que comencé a un ritmo controlado, no demasiado rápido, pero tampoco muy lento. Primeras sensaciones positivas. Iba más pendiente de los dolores que de otra cosa, pero no aparecían. Pasados los primeros 5-6 km sí noté algunas especie de molestia, pero nada significativo. Es como si se me estuviera equlibrando la cadera y las molestias se fueran desplazando del lado izquierdo al derecho. Así que seguí la marcha. Iba acelerando el ritmo, me iba notando más o menos bien. Me quedé solo en la carrera. A mi ritmo, por debajo de 4:30 min/km lo que vendría a dar un resultado próximo a los 95 minutos. A tramos aceleraba porque no me veía muy mal, a tramos se me iba el crono otra vez cerca de los 4:30 (sobre todo del km 5 al 6).

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El caso es que me notaba algo de fatiga, conforme intentaba acelerar el ritmo. Como si tuviera obstrucción en pulmones y garganta. Tosía, pero no acababa de sentirme cómodo. Iba cansado y no tenía fuerzas para apretar. O era mi cabeza la que me decía que no apretase. Mi ritmo fue inconstante. Con altibajos. Pero más o menos en torno a esos 4:30 minutos por kilómetros. Así fueron pasando los kilómetros. Una vez pasé el km 11, al paso por la zona de salida/meta y comenzábamos la segunda vuelta del recorrido, decidí continuar porque no me notaba dolores. Pero no estaba bien. No tenía sensaciones positivas. Seguí a mi ritmo, pero sin confianza. No obstante, en el subconsciente estaban los temores de empeorar o romperme del todo. Pero nada más lejos de la realidad. Iba sintiendo que las molestias de la zona izquierda se me iban a la pierna derecha. Notaba cómo se me cargaba la zona inguinal derecha y la rodilla. Así que pensé que aunque relacionado, no sería lo peor. No había noticias de mis dolores de piramidal y aductor izquierdo. Se estaría equilibrando mi cadera y puede que eso fuera bueno. O no, quién sabe…

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Y es que viendo la foto esta, me pregunto cómo no me va a doler la espalda, si echo el cuerpo para atrás, en lugar de ir recto o inclinado levemente hacia delante. Demasiado recto, mala posición. Técnica de carrera nula.

El caso es que llegué al km. 16 y pasaba con 1:10 h aproximadamente. Así que eché cuentas y estaba en disposición de cumplir con el objetivo que me había marcado sobre la marcha en carrera de hacer menos de 1:35 h., que no sería mal resultado dadas las circunstancias. Y así terminé los últimos 5 km. a un ritmo que pretendí incrementar, conforme me aproximaba a meta. Engancharon conmigo, yendo de menos a más: primero Julián Ordóñez, con el que hice un par de km.; después Marcial y Santi, con los que intenté llegar a meta, pero en el km 20, al paso por el Castillo de Doña Berenguela se me empezaban a ir. Ellos iban de menos a más. Yo iba de más a menos y de menos a más por tramos. Aunque acabé a un ritmo óptimo, a unos 15 segundos de ellos. Ante la pregunta de qué tal la carrera, algo más clarificadora respuesta que un simple: “¿La carrera? Bueno, no estuvo mal. Mejor de lo que esperaba, pero mal”. Porque acabé muy cansado y sin fuerzas. No tuve ese plus que he tenido en otros finales para acabar a tope. Ha sido uno de los últimos kilómetros más lentos que he hecho últimamente.

Así entré en meta, a escasos segundos de mis compañeros, con los que no pude finalmente enganchar en un tramo que hice lento. No tuve esa sensación de fortaleza con la que he acabado otras carreras. Alcanzando justo en la entrada a la pareja de Saturnos.

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Esta imagen podría ser el resumen de la carrera:

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Estas son las sensaciones: al mismo tiempo satisfecho e insatisfecho, muy lejos del éxtasis del año pasado, o el anterior.

Al final, la carrera de Bolaños me ha equilibrado y desde entonces parece que estoy mejor.

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