No se me ocurre mejor manera de resumir la Maratón de Murcia que recurrir a este lema publicitario para relatar la experiencia de mi tercera maratón.

Murcia puso a disposición de los corredores su ciudad, sus calles, sus voluntariosas gentes…, nosotros pusimos nuestro esfuerzo, nuestras piernas, nuestras zapatillas (menos el barefoot. ¡Qué dolor!) y nuestra ilusión. Fundamental para afrontar tamaña afrenta.

Llegamos a una Murcia ya anochecida. Al llegar, recogida de dorsales, una vuelta para buscar algo de cenar. Al final cayó una pizzaca, en el Pasta e Birra. (Y es que en Murcia eso de la birra está muy presente). Y por hacer honor al nombre del sitio, un par de birras, acho. Vuelta de reconocimiento por los alrededores de la salida/meta. Y además, Marcial y Santi, disfrutando de que “estábamos perdiendo” (el Barça contra el Celta :S ), para irse más contentos a la cama, ¿eh?

Costaba conciliar el sueño. A las 6:30 a.m. sonaba la alarma del despertador. Tocaba prepararse. Desayuno en el hotel y acicalarse para la ocasión. No fue una mañana de excesivos nervios, pero sí de ésas que notas que tienes unas sensaciones diferentes. No se corre una maratón todos los días, y aunque esas dudas y temores que vivía en mi primera maratón, allá por octubre de 2013, se disiparon con el Rock n’ Roll Madrid Marathon, en abril. Un espaldarazo, desde el cual la confianza en mí ha ido in crescendo.

 A las 8:30 (bueno a las 8:32) de la mañana, se daba la salida a una prueba que parecía pequeñita, con “poca” gente, a priori. Pero es que  la zona de salida era tan amplia que había sitio para los más de 1000 que estábamos inscritos. Y estábamos los populares, sin grandes alardes, en una mañana que prometía ser cálida, sin viento, y con un alto porcentaje de humedad relativa, que iba disminuyendo conforme avanzaban los minutos. Unos 18 º C a hora de la salida. Pistoletazo de salida, con confeti,  y a correr. Teníamos 42.195 m. por delante para disfrutar de una nueva experiencia.

La primera imagen que nos llamó la atención: avenidas amplias, de cuatro carriles, libres de tráfico, para nosotros. Animación en la salida, nos alejábamos del centro en los primeros metros. Íbamos tomando posiciones y buscando el ritmo que nos iba bien. Los tres juntos, Marcial, Santi y servidor. Los primeros comentarios, eran precisamente destacar el lujo de correr por una ciudad a disposición de los corredores. Ya, durante la entrega de dorsales, los Correbirras (que tienen apenas 5 años de existencia) nos recibían con entusiasmo y nos agradecían que estuviéramos allí. Y se les notaba que se desvivían porque su criatura saliera, al menos, igual de bien que el año anterior. Y es que organizar una maratón en una ciudad mediana como Murcia, no debe ser tarea fácil. Cerrar el recorrido al tráfico, con la colaboración de los más de 600 voluntarios, policía local y de la Concejalía de Deportes, es de agradecer. Se nota cuando una carrera se hace por y para el corredor, sin ánimo de lucro, sin alardes y sin vender la moto.

Total, que corríamos a un ritmo cómodo, constante, sin mucha oscilación. Se nos unían un par de murcianos, toda vez que no veíamos al “globo” de 3:30 h, que era nuestro objetivo. Pero Santi era el tío del globo. Y el par de corredores que buscaban referencias se unieron al grupo. Uno de ellos, pronto desapareció de nuestro lado, pero el tal Abraham, de Alcantarilla, estuvo con nosotros hasta el Km. 28 – 29. Se le acababan las pilas. Pero se lo pasó bien el muchacho. Acompañado por su hermano en la bici, que nos ofrecía  agua y vituallas, si las necesitábamos, pero como cada 5 Km. teníamos agua, y en botellas grandes, y teníamos fruta, aparte de que llevábamos el almuerzo en los bolsillos, no nos hizo falta avituallamiento extra. Es lo que tiene esto de compartir kilómetros, que conoces gente que te aporta y a la que le aportas.

Durante el primer tramo de la carrera, nos fuimos merendando los Km. casi sin “despeinarnos”. Primeros 10 Km. en menos de 49 minutos. El paso por el Km 20 espectacular, con los animadores, jaleándote, con banderas y esas camisetas moradas, en el puesto de avituallamiento. Te venías arriba. Pasamos la media maratón en 1:44 h. Buenos tiempos, acordes a lo que buscábamos. Cumplíamos con lo previsto.

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Paso por Gran Vía

Iba notando molestias en la rodilla desde la hora de carrera, más o menos. Algo extraño, y que sin buscar excusas, achaco a la negligencia cometida durante la semana anterior, por haberme metido en lides que no correspondían dadas las circunstancias (bici+ caminos + inexperiencia = golpes en rodilla). Esas molestias se disipaban (o camuflaban) y empezaban a aparecer dolores en caderas. Menos mal que los patinadores voluntarios, asistían rápidamente y te aprovisionaban de Réflex® en carrera. Eso sirvió para continuar la marcha al mismo ritmo. Pero me quedaba más de una vuelta y no eran buenos presagios. Más de media carrera. 😦 Tocaba sufrir.

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Paso por el Puente de Hierro sobre el Segura.

El caso es que hasta el Km. 31 nos mantuvimos en grupo los tres, pero yo iba perdiendo unos pocos segundos, y Santi tenía ganas y fuerzas. Me preguntaban y les dije que se fueran, que me quedaba a mi ritmo sobre 5 min/Km. Sobre ese ritmo me movía bien. Ellos podían y querían correr más rápido. Y fue la mejor opción, porque quedaba mucho,  todavía 11 Km. y había que saber sufrir. Me quedé un poco atrás. Me asaltaban las dudas. Fueron unos 5 o 6 Km. Bajaba un poco el ritmo, seguían molestando las dos caderas. Y había que sufrir. Supe hacerlo. Hay que ser consciente de que en una maratón se sufre, sí. Y hay que contar con ello. En esta ocasión fueron unos Km. más lentos, algo de avituallamiento, isotónico y a encarar los últimos Km., con las pilas cargadas. A partir del 38 parece que recuperaba sensaciones. Mis cuentas para poder atacar las 3:30 h. empezaban a descuadrar. Había perdido en torno a 10 segundos de media por Km. No estaba en tiempo de acabar por debajo de ese crono, pero iba a más. Los últimos kilómetros me vine arriba. Al paso por el 41, veo a Marcial que había notado el sobreesfuerzo de haber corrido hace 15 días el Maratón de Ciudad Real. Intento acercarme a él para entrar juntos en meta. En la recta de llegada (qué larga se me hizo) alcanzo a Marcial y le digo: ” vamos a por las 3:30 h.” Y me dice que no puede, que vaya yo. Eso hago, pero quedaban todavía unos 400 m., (aunque mi GPS me decía que ya estábamos). Veía al fondo el arco de llegada. Escuchaba el griterío y jaleo de los aficionados a los dos lados del vallado. Una gran llegada. (No es exactamente como entrar en el Retiro, pero igualmente, la satisfacción es plena). Y es que la maratón es la prueba reina. Solo se puede comprender cuando se ha corrido.

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Llegada a meta.

El resumen estadístico de la carrera en Garmin.

Y a la llegada: abrazos, felicitaciones, (la medalla) cerveza y paella, (pero un plato para cada uno y rica. Para ser de una gran evento). II Maratón de Murcia. Una prueba que va a más. Muy interesante, por el trato exquisito. Para tenerla en cuenta en un futuro.

P.D. Nos faltan más fotos. A ver si las recopila

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