La temporada de verano del Circuito de Carreras de Ciudad Real nos ha traído durante el periodo estival propiamente dicho, tres carreras de 10 Km., muy diferentes entre sí, pero igual de exigentes por diferentes motivos. Esta trilogía tuvo algún factor común, lo exigente del Circuito y la competencia entre clubes. Todos mejoramos cada año. La competencia nos hace mejores corredores. Los resultados de este año hablan por sí solos. Mejoría de tiempos en todas las carreras.

  • Empezamos en junio. El primer día de verano, en la IV Nocturna de Piedrabuena. Una carrera que pasa por ser una de las más duras del Circuito. Con sus cuestas y su nocturnidad, un escenario bonito para una carrera siempre muy bien valorada por los atletas. Porque el pueblo se vuelca con su carrera y ayuda y colabora en todo. Además, que está muy bien organizada.  Piedrabuena y su sinuoso perfil, con dos vueltas a un recorrido urbano, que nos lleva hasta su castillo y plaza de toros, para darnos una vuelta al ruedo (x2) más la subida por la iglesia, más los continuos toboganes, hacen de la carrera un auténtico rompepiernas. Una carrera a la que me enfrentaba con  esa sensación del deber cumplido, y sin muchas más pretensiones que las de seguir progresando. Habíamos  Kike el Tuercelindes y servidor, de hacer la carrera de manera más o menos tranquila. Tranquilo. Un concepto muy abstracto, variable y moldeable en función del momento y la persona. Incluso una misma persona tiene varios ritmos “tranquilos” en un año de carreras. En esta ocasión, la inercia de la maratón, no sé hasta cuando dura, y los entrenamientos en cuesta por la Atalaya como los locos pegando sprints por las antenas, se hicieron notar. Llegamos a meta casi seguidos, después de una carrera buena, en la que en todo momento mantuve la referencia visual con Kike, toda vez que empecé a subir con su ritmillo de “pasetes cortos” y zigzagueaba para quitarse a corredores de delante, y con el amigo Casimiro. Y llegaba fuerte, bien, y con un gran crono. En la línea de Argamasilla, con la dificultad de haber ascendido algunos metros más, no muchos, parecen más de los que son. Gran carrera, sin duda.

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 Llegada en solitario, con la tarea bien hecha.

  • La segunda, en orden cronológico, fue Corral de Calatrava. Poner excusas es de perdedores, se suele decir. Solo diré que no corrí esta carrera en plenas facultades físicas. Problemas gastrointestinales me tuvieron en jaque todo el sábado. Otro factor determinante, este para todos, es que el mes de julio en La Mancha suele ser muy caluroso. Y las 20:00 de la tarde para una carrera, mala hora, y más cuando tienes una semana con máximas de hasta 38 ºC. El asfalto quema y echa flamas. Correr entre 36-34 ºC. es demasiado.
    Así que llegamos a Corral en la que fue la última carrera por tierras Manchegas de Kike, antes de su aventura británica (o escocesa, ya veremos). En esta hablamos antes de la carrera de hacerla suave, tranquila de verdad, no como Piedrabuena. Aquí no había muchas fuerzas. Mucho calor, un recorrido con algunos repechos duros, y poco que ganar. A ritmo cómodo. Me llevó toda la carrera a ritmo cómodo, soportable para las condiciones de ese momento. Un circuito de tres vueltas que no me gusta personalmente. Un recorrido con mucho callejeo, mucho zigzagueo, y poca diversión. No disfruté esta carrera, la sufrí mucho. Y como yo, muchos corredores, algunos de ellos, tan indignados en meta por la ausencia de agua en el tramo final, que se dirigían a los responsables pidiendo explicaciones. Que estuvo mal y no se tuvieron en consideración factores como el calor y se repartió mal el agua, sí. Pero la organización se apresuró a subsanar su error en la medida de lo posible entregando en meta botellas de agua. Fue curioso ver al alcalde de Corral repartir agua en meta.  La carrera, poco más. Cumplir el trámite de otro 10 Km. Malas sensaciones, y a pensar en la siguiente.

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Entrada en meta, con Abdu y Agustín. Kike, se te ve “a half”

  • Fuente el Fresno. La joya de la corona. Esta sí que es la carrera más dura del Circuito. 15 de agosto.  Santa Quiteria en Fuente el Fresno. Allí nos fuimos unos cuantos Fondistas, con bajas significativas, para intentar defender nuestra privilegiada posición en el Circuito. Fuente el Fresno tiene mucha tradición de atletismo. Mucha y buena cantera. Gente muy buena y competitiva y eso se nota en las calles. Se nota en la organización. Todo muy cuidado y muy a punto. Muchos puntos de agua.  Nunca ha faltado en esta carrera. Es mi tercera edición. Apostaron por repetir circuito, que estrenaran la temporada anterior. Atrasar la salida unos metros, a la altura del pabellón, y cambiar la llegada, en lugar de en la Plaza, hacerla en la línea de salida. Mejor para el tema de duchas y aparcamientos. Peor para cuando llevas 9 Km y tres subidas por la cuesta de las Ceras Altas y te queda la recta de meta que pica para arriba. Se nota y las piernas lo notan. Aún así, este año el nivel del circuito es altísimo. Mejor de sensaciones que en Corral, con unos cuantos entrenamientos por Nantes, me planté allí con ganas de exprimirme un poquito. Mejorar con respecto al año anterior. Eso no era demasiado difícil a priori: Bajar de los 47 minutos se antojaba fácil.  Todo el mundo corre mucho y muy rápido. Y hay algunos que hasta van en bici, corren, y vuelven en bici, duatletas y tiatletas. Está de moda por lo visto.  Pues eso, a las 10:00 hora pensinsular, 700 personas para subir cuestas. Algunos no las conococían, otros avisábamos. Guardad fuerzas para el final…  Salir en posiciones delanteras te da otra perspectiva de las carreras. La gente corre mucho, como descosidos cuesta abajo y sin frenos. Y si hay vallas, y no hay sitio para pasar intentan atravesarlas, upsss, no, que no se podía. Vaya viaje se llevó un pobrecico al encontrarse de bruces con una vaya al intentar adelantar. Me dolió hasta a mí. Total que salí muy deprisa para que no me atropellaran las locomotoras y fui esperando que fueran llegando mis referencias visuales. Llegaban poco a poco los compañeros: Alba, Orestes, Sergio, Miguel, después Marcial y Santi. A un ritmo en principio llevadero. Pero llega la primera subida a las ceras altas y se selecciona el grupo. Con poco espacio para pasar, no se sube demasiado rápido pero sí se baja muy rápido. Ahí me corto y no puedo seguir el ritmo de los que se embalan y buscan seguir con sus tiempazos, casi sin darse cuenta. No me queda más remedio que ir dosificando. A cada subida, pierdo segundos. Engancha conmigo Juli, que no va sobrado, pero viene de menos a más. Me dice que así aguantamos. No puedo acelerar el ritmo, pero me dice que tire que él se queda. La última vuelta la hacemos prácticamente juntos. Me adelanto en la subida. Me he dado cuenta que subo mejor (ya no me quedo tan rezagado, Kike) Ahora recupero bajando y ahí me dan caza. En cualquier caso el paso por el Km. 9 se ve como un alivio. Sabes que no tienes que volver a subir nada más que hasta la meta. Y la tienes a la izquierda, pero hay que bajar 500 metros, para volver a subirlos ¿Qué necesidad hay? Y en ese sprint final, ese quemar la carbonilla, acabamos fuertes, con buenas sensaciones en un tiempo óptimo, pero no un gran tiempo. Es más, me dicen que he estado flojo, por debajo de mi nivel. Pues hombre, no sé. Para ser la carrera más dura del circuito y ser verano, sin muchas pretensiones, no estuvo mal.

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Resoplando. Fue duro.

La trilogía de los diezmiles acaba en Fuente el Fresno pero con un alivio. La siguiente sería una Media Maratón. Me dice Jesús que eso me viene mejor, que me gustan más. Sí. Ciertamente me muevo mejor en medias maratones, me gusta más dosifico mejor y acabo bien. En los 10 Km voy más forzado, me cuesta entrar en carrera. Y acaba cuando mejor (o peor estoy).

De estas carreras saco una conclusión: Quien con niños se acuesta, mojado se levanta, que dice el dicho popular. (Esto no será apología de la pederastia, ¿no?) Pues eso. Que te pones a hablar con los padrinos y te dicen que ya están apuntados para la Maratón de Murcia… Ahí lo dejan caer. Que quién se va con ellos. Y la carne es débil. Y mi agenda de otoño vacía. Saquen conclusiones. Bueno, ya lo saben. Que en esos días decidí que me iba a la Maratón de Murcia, fue una semana después, pero todo empezó en Santa Quiteria.

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