He vuelto a Nantes. Y entre otras cosas, he hecho algunas rutas corriendo. En esta primera entrada: Courrir par l´Île de Nantes. Así pues, retomo esto de Corriendo por… Nantes, que publicara E. Valero el año pasado.

Este año me ha acompañado la lluvia un par de días, especialmente uno de ellos.  Una intensa lluvia de un verano que, en Nantes, agoniza. Lo cual no deja de convertirse en placer visual que mezcla tonos verdosos  de diferente intensidad, con marrones ocres y verdes de esas aguas que fluyen hacia el Loira. Un Loira que se agiganta con las mareas del Atlántico, que se hacen notar (y de qué manera) 80 Km. tierra adentro. Un fenómeno natural convertido casi en atracción turística. Curioso cuando menos. Cada zona verde (y hay muchas y muy amplias), cada parque, guarda celosamente su particularidad. Ninguno es igual, pero todos tienen un denominador común: el verde y ser un bosque urbano. Nantes desde el cielo se ve verde y en superficie se confirma. Y aunque julio ha hecho estragos en algunas zonas, agostando ese verdor envidiable solo mantenido gracias a las generosas lluvias, que son seña de identidad de un clima oceánico atlántico, sigue siendo un entorno ideal para los amantes de la naturaleza .

Nantes, también es la ciudad que vio nacer a Jules Verne. Su legado se puede apreciar en la ciudad. La imaginería de Verne está muy relacionada con la oferta cultural al servicio de los visitantes, sobre todo en la Isla.

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Placa en la fachada de la casa donde nació Verne. en Île Feydeau. 

Por tanto, tenemos ante nosotros una ciudad que tiene todas las infraestructuras naturales y todos los elementos ideales para poder practicar deporte al aire libre, sin alejarte del núcleo urbano. Tiene buen clima, suave, tiene grandes zonas verdes y espacios naturales, sin necesidad de recurrir al vehículo para acceder a ellos.  Posee además un legado histórico muy importante, ya que formó parte del ducado de Bretaña, integrado en el Reino de Francia desde 1532, con vestigios arquitectónicos que hablan de su pasado desde tiempos del Imperio romano.

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Placa que reza: “En este castillo de los duques de Bretaña, en el mes de agosto del año 1532, Francisco I rey de Francia usufructuario del ducado dio el edicto en el que pronunciaba, a petición de los estados reunidos en Vannes, la unión perpetua de los países y el ducado de Bretaña con el Reino de Francia”. 

Puedes hacer turismo de varias maneras: Está de moda le Voyage a Nantes. Una iniciativa que cumple su tercer año y que une el entretenimiento, el arte, la cultura y la naturaleza a orillas del Loira. Les Machines de l´Île tienen un encanto singular para aquellos que se acercan a Nantes, para grandes y pequeños. Ubicadas en la isla de Nantes, cuyo pasado industrial ha sido reconvertido en atractivo para los paseos, el ocio nocturno y el deporte, es uno de los centros neurálgicos de la ciudad.

Y como en anteriores ocasiones no había recorrido la isla corriendo, ni de manera continuada periféricamente, este año me propuse hacerlo. Puedes recorrer la isla, Beaulieu, por su perímetro exterior que viene a ser de unos 10 Km. , en el que vas a poder percibir en tramo de apenas 3 Km., la gran diferencia entre el pasado y el presente: lo que era el puerto de Nantes, sus astilleros, su fachada industrial con un pasado que atestiguan las dos grúas municipales (adquiridas por el Ayuntamiento de Nantes para hacerlas parte del legado de la ciudad) las Titan jaune et titan grise:

para pasar a la zona revitalizada de la Pradera del Duque, una obra moderna con edificios bioclimáticos, las máquinas de la isla y poco después pasar a un sendero paralelo al río para ir alejándote del turismo y adentrándote en la zona más recóndita de la isla, donde las vistas de edificios se van diluyendo entre la flora atlántica.

Mi ruta por la isla, parte de la zona central de la isla, cerca del puente de Pirmil, para recorrerla de oeste a este, desde el Brazo de Pirmil, hasta el de la Madeleine y volver por Pirmil. En los primeros kilómetros, atraviesas la zona más industrial y menos vistosa de la isla, pero en pocos Km. estás metido en una zona totalmente diferente. Partimos desde el cruce de Bvd. Victor Hugo con Benoni Goullin, en dirección al M.I.N. (Mercado de Interés Nacional, una especie de MercaNantes, no al estilo del mercado de abastos, no, sino de mayoristas.) Así se llega al extremo de la isla, por el muelle del Presidente Wilson, donde está la grúa Titán gris. El trayecto se puede hacer entre los antiguos raíles de los vagones que utilizaban en el puerto. Además hay carril bici por el que puedes moverte con mayor seguridad, con espacio para corredores y ciclistas. Ciclistas, siempre, siempre vas a ver. Al llegar al extremo de la isla seguimos paralelos al río por el Quai des Antilles (el muelle de las Antillas). Y aquí hago un paréntesis porque conviene señalar que Nantes fue el principal puerto negrero de Francia. El tráfico de esclavos es recordado hoy en la isla en el Memorial de la Esclavitud. La esclavitud fue abolida en Francia en 1848. En ese Quai des Antilles, está el Hangar à Bananes, antiguas naves que se destinan hoy a locales de ocio: bares y salas “lounge” para tomarte una cervecita “bobo”, en sus hamacas, o sus mesas y bancos de madera, mirando las puestas de sol en el Loira. Nosotros tuvimos ocasión de tomar une bière en el Australian Café. Eso sí, nada de hamacas, hacía frío, el sol no se había puesto todavía y además estaba escondido, con su habitual timidez atlántica, tras las nubes.

 | le Hangar À Bananes

A esta altura del trayecto, llevamos ya unos 3 Km. de recorrido antes de llegar al epicentro del turismo en la Isla de Nantes: la explanada de las Máquinas de la isla, donde está el Carrusel de los mundos marinos y los antiguos astilleros, hoy conservados y utilizados como museo.

La particularidad del Loira y sus mareas,  hace que dos veces al día el Atlántico se adentre, estuario arriba y llegue a inundar la pasarela de rejilla por la que puedes acercarte al río. En bajamar, puedes cruzar por debajo de la carretera y evitar así el tráfico en el puente de Anne de Bretagne.

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Vistas desde la pasarela del Loira, del Bras de la Madeleine.

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Pasarela comenzando a inundarse.

Así lo hice, continuando siempre paralelo al río en dirección al extremo opuesto de la isla, el oriental. Este es el tramo más tranquilo y con menos tráfico.  La idea era haber rodeado completamente la isla, pero un fallo de cálculo me hizo girar a la derecha pasada la esclusa del río Erdre, que desemboca en el Loira. A esa altura me desvié, al llegar a los 6 Km. y pensar que se me iba a hacer demasiado largo el recorrido si llegaba, como tenía pensado, a la zona virgen de la isla en el extremo más oriental de la misma. Callejeando, logré llegar al inicio del parque de Beaulieu, por donde seguí el recorrido por los senderos del brazo de Pirmil en dirección hacia el principio. Al llegar al puente de Pirmil, llevaba 9 Km., así que quise completar el recorrido cruzando el puente, saliendo de la isla  y volviendo a cruzarlo para entrar de nuevo y alargar por un sendero que me condujo a un callejón sin salida bajo el puente de Pornic. Así que me dí la vuelta y terminé en las inmediaciones del Bvd. Victor Hugo, para completar los 10 Km. que me había propuesto para la primera sesión de “corriendo por Nantes: edición 2014″.

Aquí una imagen del recorrido.

Sin título

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