La carrera urbana de Manzanares pasa por ser una de las mejores pruebas del Circuito de Carreras Populares de Ciudad Real, por organización, por recorrido, propicio para hacer buenas marcas, y por fechas. Una tarde de sábado a principios de mayo. Generalmente buen tiempo, salvo que llueva como otros años, o salvo que llevemos unas semanas de calor estival como las que estamos viviendo. Pero contra estos factores no se puede luchar. Son ajenos a la voluntad de los organizadores y de los corredores. Solo queda amoldarse.

Pretensiones las justas: sumar carreras, participar en una nueva prueba y pasar una buena tarde. Más de 1100 atletas tomamos la salida. Mucha gente para calles estrechas. Y una denuncia, consecuencia de un hecho que se va agrandando conforme aumenta el número de participantes en las carreras populares. La mala costumbre y la falta de sensibilidad de la gente, que se coloca en posiciones cabeceras cuando sus ritmos de carrera son lentos. Esto provoca aglomeraciones, golpes, tropezones, y en definitiva, accidentes en las curvas y en las calles estrechas, como ocurrió el sábado. La gente que sale despacio, entorpece el paso de otros corredores que no encuentran sitio para pasar. Eso, y los carros. Los atletas con carros, que en muchas ocasiones, pueden provocar accidentes con ese afán de adelantar a todos, cueste lo que cueste. Hay que solucionarlo de alguna manera. Se puede. Hay remedios. Habrá algún día que tengamos que lamentar algún accidente grave por estos hechos. Esto no depende solo de la organización, depende de la sensatez de cada uno. Y ya sabemos que el ser humano, no siempre utiliza la razón en su día a día.

Centrado en la carrera. Poco que contar. Dos vueltas a un circuito urbano libre de tráfico. Prácticamente llano, salvo la pequeña subida a la Plaza de la Iglesia. La idea era ir sin forzar demasiado, pero tampoco yendo muy relajados. Después de hablarlo, decidimos hacer la carrera juntos Kike y yo. Rememorando la carrera de Madrid. No quería mucha caña él tampoco. Al final, el ritmo me resultó alto y claramente por encima de lo que el cuerpo daba de sí, dadas las circunstancias. Lo pagamos muchos.  Cuando una carrera de 10 Km., a estas alturas, se te hace larga, es que algo no va bien. Ritmos altos + calor + poco agua es una combinación peligrosa. Fui aflojando el ritmo, hasta bajar en la segunda vuelta, y terminar algo más fuerte empujado por el ambiente del final y por ese afán de terminar las carreras fuertes. Pero el sábado no disfruté, no. Di poco ruido durante el recorrido. El sábado sufrí la carrera. Los 10 Km. son duros de correr por eso, porque si quieres mantener ritmos altos necesitas de un gran esfuerzo. Y el sábado no se dieron esos condicionantes. Además que los efectos de la maratón siguen estando ahí. 15 días después el cuerpo no está todavía perfectamente recuperado. Aún así, fue una buena tarde de atletismo popular, bochornosa, pero entretenida. Con buen ambiente antes y después de la carrera.

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En la linea de meta. Caras desencajadas, sequedad de boca, presas del esfuerzo y del calor. Las quejas de los corredores, por la falta de avituallamiento líquido, una constante en la línea de llegada. Eso sí. Bien solventada con la degustación de Cruzcampo y de productos típicos, pan con aceite, empanada y los típicos helados de Frigo (esos cayeron casi antes que la cerveza). La gente se agolpaba en la caseta de Cruzcampo, antes de pasar a recoger la generosa bolsa del corredor. Y las cervezas de Pepe, que como había prometido, nos invitó a unas cervezas a todo el que pasaba por allí, después de la carrera. Ese detalle, hay que empezar a instaurarlo como de obligado cumplimiento después de tamañas afrentas.

Una más para las piernas. No pasará a la historia. Pero de todo se aprende. Del sufrimiento y del esfuerzo se sacan también buenas conclusiones. A no repetir errores en próximas aventuras carreriles.

Recorrido en Garmin

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