Es difícil resumir sensaciones. Difícil describir un estado de ánimo. Pero los que hayáis cruzado la meta de un maratón lo podréis entender. Ésta mi segunda maratón, pero es como mi primera  otra vez. Resarcido de la Bilbao Night Marathon, me quité la espinita en Madrid.

Puede que la experiencia, combinada con otros factores que se concatenan, puede que la mentalización, junto con los entrenamientos, hayan sido la clave del éxito. Sí, éxito para mí. No sé cómo acabará de contento un ganador, pero ayer me sentí ganador de mi maratón. Era un objetivo que cumplí, aunque me fuera tres minutos de un tiempo que tenía de referencia de manera ambiciosa. Las 3:30 h. El tope estaría en torno a las 3:35 h. Podía hacer la maratón en ese tiempo. Lo habíamos estado entrenando bien. Llegó la hora y el día.

Madrid amanece sin dormir. Esa es la impresión que da. Se lava la cara, se cambia de ropa y se vuelve a la calle. No para. Y en esas, a pesar del contratiempo del desayuno (con cabreo monumental incluído), salía del hostal dirección Cibeles dando un paseo. Sería mi calentamiento. A la que bajaba la calle San Bernardo, un bar abierto. Como no pude desayunar en el sitio que me facilitaba el hostal, porque no había abierto todavía, me metí en esa cafetería. Un café con leche y una tostada que me sirvió para quitarme los fantasmas de la cabeza. No solo alimenté el cuerpo, también la mente. Eran cerca de las 8:00 y había quedado con Enrique en los leones del Congreso a las 8:20. Así que, hacia Gran Vía. Se veía un reguero de corredores con un mismo destino: Plaza de Cibeles. Unos con bolsas de basura protegiéndose del frescor matinal, otros en chándal, otros directamente corriendo hasta la salida. El paseo es muy agradable. Ves una ciudad vacía de coches para ti. Ves a lo lejos, un arcoiris de camisetas que empieza a hacerte acelerar las pulsaciones. Llegado al punto de partida, me tengo que orientar. Y para los que no conocemos Madrid, resulta complicado. Calle arriba, calle abajo. Finalmente, casi a las 8:30 conseguimos encontrarnos Kike y yo en los alrededores de Neptuno. Nos colocamos los cachivaches de correr y foto de rigor previa al gran reto del año.

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Ya estábamos casi listos para correr. Caras de ilusión y tensión. A Kike se le notaba con esa tensión ante lo desconocido, pero del que se sabe con la tarea bien hecha antes de un examen y sabe que lo va a aprobar, por muy difícil que sea. Yo tenía una tensión liberada al llegar al punto de encuentro, que me dejó extrañamente relajado, como si fuera una carrera más.

Claro, los que estamos acostumbrados a correr con 1000 personas, no somos conscientes de lo que implica que nos demos cita en la salida, unos 22.000 corredores entre 1/2 y Maratón. Así que a las 9:00 empezaban a correr los de la élite y las posiciones cabeceras. Nosotros tomaríamos la salida unos 3 minutos más tarde, en un Paseo de la Castellana sombrío, pero lleno de color y calor humano de multitud de corredores ilusionados, de diferentes nacionalidades. Temperatura perfecta. Ausencia de viento, alrededor de 10º C y subiendo. El escenario hace más grande una prueba de este calado. Y es que tener para ti las principales avenidas y calles de la capital de España, es algo que merece la pena experimentar (mal que le pese a algunos peatones que tienen que cruzar sí o sí, haya o no corredores).

La inmensa mayoría del público anima. Hay público en cualquier calle, en cualquier rincón. Evidentemente, cuanto más hacia el centro, más animación. La carrera planteada desde un inicio con ritmos constantes. Queríamos movernos en torno a los 5:00 minutos para atacar los 42,195 Km., (bueno los 42,5 Km. que salieron) en torno a las 3:30 h. Era el objetivo optimista, al que miraba de reojo, diciéndome que tampoco pasaba nada si eran 3:31, 3:32, o 3:33. Los primeros kilómetros disfrutando mucho del ambiente. De paseo, mirando a un lado y a otro, intentando no tropezar con los que se colocan en posiciones que no les corresponden. (Manía de ponerse los primeros, si no van a correr). Íbamos con el freno de mano echado. Según acelerábamos, o uno u otro nos decíamos, “tranquilo”, “sostén, aguanta, ahí”, “niño, 4:30”, “oye, 4:40”. Y así, aguantando y aguantando el ritmo en zonas donde te pedía correr, fuimos los dos manteniendo conversación amena, visualizando todo lo que podíamos y saludando a la familia de Kike, que se colocaba estratégicamente en buenos puntos para animar y hacernos fotos. (Qué diligentes).

Y como no me quiero extender mucho más (la síntesis y yo hicimos un pacto de no agresión), y como tampoco conozco muy bien Madrid, aunque ayer, creo que más o menos aprendí a orientarme, o al menos ubicar los puntos clave, decir que la carrera para mi tuvo tres fases principales:

– Los primeros 10 Km. fueron de calentamiento. Cómodos, con tapones al principio. (Japonesas haciendo el ganso dentro del circuito). Subida por Castellana, hasta Chamartín. Bajada en paralelo, por detrás de las torres de Floren. Poco más que destacar, aparte de los tapones que se formaban en los avituallamientos y las temerarias que se lanzaban a cruzar las calles con maleta de ruedas, entre los corredores. El tío con el expositor de geles en el cinturón, (¿los vendía?) el que se iba a la guerra cargado de agua y comida, el bretón (me acordé de ti, Sita), etc… personajes por doquier.

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– Del 10  hasta la Media Maratón. La bajada por Bravo Murillo hasta el paso por Sol, calle Mayor, con continuos repechos, y sube-baja, con multitud de gente en las calles. La bajada por Preciados hasta Sol y la subida por la Calle Mayor no tiene parangón. Impresionante y emocionante la cantidad de gente que se aglomeraba a ambos lados. Y no miraban extrañados. Estaban allí animando, jaleando, acompañando a la banda del escenario del R&R, que nos dedicaba también palabras de ánimo. Lo de la calle Mayor, sin palabras. Le decía a Kike, que ahora entiendo qué puede sentir un ciclista cuando sube el Tourmalet, por la cantidad de gente a ambos lados haciendo pasillo. Chavales que te ofrecían las manos para que la chocaras. Carne de gallina. Tal cual. No hay palabras para describir lo emocionante que es correr así. Pasamos por el Palacio de Oriente y hacia Parque del Oeste. Seguimos yendo cómodos al paso por la media maratón en torno a 1:45, clavados. Buscando la parte más baja de la carrera, antes de llegar a Casa de Campo, donde también se agolpaba gente en un paseo adoquinado. A partir de aquí, el “muro” al que estábamos esperando. Llevábamos ya unos 26-27 Km. y las sensaciones seguían siendo buenas. Llega el 28 y el tío del mazo, no aparecía. Pero a lo mejor estaba escondido en otro sitio. Había que ser cauto.

Los últimos 10 Km. Desde la salida de la Casa de Campo, ya pica para arriba el recorrido. Un tramo hasta, cruzando el río el Manzanares para continuar hacia el norte, paralelos al estado Vicente Calderón y las piernas van pesando. Habíamos almorzao bien. Mazapán y glucosa, ya que no nos daba cerveza el de los patines ( eh, Kike? 😀 ). Qué bien lo “pasemos”. La gente se reía y todo. Los manchegos es que somos salaos. Pero parecía que ya hablábamos menos y empezaban a aparecer viejos fantasmas en forma de dolor de cadera. Aprovechando que el chico del Reflex® en patines rodaba por allí, le dije que me diera un poco en la zona con molestias, sin parar, según corríamos. Era el Km. 32 aproximadamente y quedaba mucho. Pero podía seguir bien. Oye, mano de santo. Pa´lante y a darle a las piernas. Llega un momento complicado. Me voy quedando rezagado, y sobre el Km. 36 Kike me busca con la mirada y le digo que siga, me intenta aguantar, pero no puedo seguir su ritmo porque sería forzarme y quedaba todavía subir hasta el Retiro.  Así que sobre el 37 aceleraba, yo pierdo unos segundos entre el 37 y el 40. La llegada a Atocha se me hace durilla. Busco con la mirada a Fran y Melisa que me esperaban por aquella zona. Allí estaban. Habíamos quedado en ese punto. Llego casi en el tiempo estimado, a eso de las 12:05, como habíamos hablado. Los tiempos siguen siendo buenos, pero quedaba enfilar el Paseo del Prado. Km. 38 y digo en voz alta autoanimándome: “¡4, 4, 4, 4. Quedan 4!”  y Cibeles otra vez, y Colón otra vez, desvío a la derecha para seguir subiendo hacia El Retiro. El gentío hace que no bajes los brazos. Recupero ritmo en un falso llano hacia abajo. Reguero de corredores, cadáveres que no podían con su alma, gente que te adelanta, gente a la que adelantas. No ves a nadie. Solo enfilas la mirada para ver el horizonte. Cabeza arriba. Cojo el ritmo medio en torno a 5:00 min/Km, para los últimos dos. Ruido ensordecedor en el último Km., me parece que voy bien, empiezo a notar que la emoción me invade y que me cuesta respirar bien. Voy forzado, pero feliz. Casi acongojado, para entrar en El Retiro y ¡explosionar! Acelero y adelanto a muchos corredores en el parque. Un lujo sentirse arropado por tanta gente. Una sensación indescriptible, porque no se puede plasmar con palabras lo que se siente cuando ves al fondo el arco de llegada, y tú te sientes bien y ves que lo has conseguido, sin dudar en ningún momento de que así sería. Y eso es lo que me reconforta, que a pesar de la dureza, porque no es fácil, cuesta mucho hacer una maratón, pero acabé con una sensación de fortaleza y de autoestima difícilmente medible en tiempos y parciales .

Vídeo de la llegada a meta. 

Madrid nos llevó en volandas. El tramo difícil se hizo ameno, con el apoyo de una ciudad que se volcó con el atletismo popular, con una ciudad que respiraba ayer ambiente festivo. Eso, es impagable. (Eso no se paga con 6000 € que ganaron los vencedores, que tampoco está mal). Y al llegar, pues eso, que sabe a gloria, a pesar de los dolores inmediatos, que la bolsa del corredor no es como la del Circuito de Carreras de CR, no. Y que tampoco está el tío de la Cruzcampo, no. Pero nos conformamos con una cervezaca en el Retiro. Y la fotico de la medalla:

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Foto de llegada con la familia de Enrique. Gracias por las fotos, por servirme de “guardarropa” y por la carrera, el antes y el durante y en después. El #ObjetivoMadrid cumplido. El Plan maratón salió bien, gracias a #PalizasPatrocinadas.
Madrid, forma parte de mi legado como corredor, como maratoniano, que aunque ya lo era. Ésta, sí. Ésta, me deja con la satisfacción del trabajo bien hecho. A buscar nuevos retos, igual de ilusionantes y de placenteros.

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